miércoles, 6 de agosto de 2008

De paseo con la incertidumbre


Me siento y miro las estrellas. No ha sido un día fácil. Miro el cielo. Miro cada una de las luces que iluminan el negro telón que cubre mis dudas. Soy un punto en la nada. Soy un pequeño parásito perdido en un mundo absurdo. Desearía que este momento no acabara nunca. Desearía convertirme en una estrella y poder brillar hasta en las noches más oscuras. No perderme nunca. Ser siempre un punto de referencia para encontrar el norte desviado. Pero no es posible y debo conformarme con ser una ficha más en el tablero de este morboso juego que es la vida. Me envuelve la incertidumbre y cada segundo que pasa percibo más negra la noche. No suelo pensar en los posibles caminos que en un futuro pueda llegar a tomar mi vida. Hoy es una excepción. Y la verdad es que algunos me aterran. En un segundo caben demasiadas cosas. Un segundo es tiempo suficiente para que una vida termine…para que una vida comience. Me gustaría detener el tiempo pero lo único que puedo hacer, una vez más, es esperar. Me canso de acabar siempre en este punto. De no saber hacia dónde irán mis pasos. Quiero un rumbo definido, sin sobresaltos de este tipo. Y sé que pensarlo no me beneficia. Por lo menos no en este estado. Pero tengo la incertidumbre clavada en las entrañas. Es como un agujero negro que se expande lentamente engullendo cada partícula de confianza y seguridad que encuentra en mi interior. Me deja vacía y a la vez tan llena… Y no puedo hacer nada porque no está en mis manos. No puedo solucionar algo que desconozco. Navego en un mar de dudas. Soy un náufrago a la deriva. No tengo donde agarrarme. Ningún vestigio del bote de inocencia en el que navegaba me parece lo suficiente fuerte para soportar el peso de las incógnitas que me empujan hacia el fondo de este mar que por momentos torna en océano alejándome más de cualquier costa donde varar. Floto. Dejo que la corriente me arrastre a merced. Me siento completamente sola aquí en medio. La paranoya de las 10 está empezando a apoderarse de mi mente y no puedo evitar pensar en ti. Y aunque es de noche, aunque ha sido de noche todo el día, aún espero una llamada, un mensaje, que consiga hacerme sonreír y disipe un poco esta bruma que me ciega. Me alejo de todo. De todos. Si pudiera también me alejaría de mí misma. Necesito un silencio que me arrulle y me susurre al oído que todo va a salir bien. Tu voz también me serviría. Estoy confusa y asustada. Te necesito tanto... Necesito que esto termine ya...Despertarme mañana y que todo esto sólo haya sido un mal sueño...Tan sólo eso. Una mala pasada. Un susto. Una "falsa alarma"...

2 comentarios:

Miss Satriani dijo...

Todos tenemos una estrella dentro, estamos hechos de polvo de estrella. Puede que seamos un punto diminuto pero podemos brillar con más fuerza que nadie.
Y tú lo haces:)

alfredo447 dijo...

Una noche soy estrella, en otras soy el cielo. A veces puedo llegar a ser la mismísima noche, que lo abarca todo, pero al amanecer soy la bacteria que se arrastra en los pies de un parásito con rumbo desconocido.
Otro día soy una simple ficha, y al siguiente puedo ser el gran tablero que lo soporta todo, que centra toda la atención y define el destino de cada ficha sobre él.
Dice el cantante que se hace camino al andar. Pero a veces, sin mover un solo dedo, puedes hacer tu camino y el de otros, con tus recuerdos, tus vivencias, tus decisiones y deseos, una simple idea puede ser la luz que señale el rumbo.
Lo único que puede planificarse y definirse realmente en los rumbos de la vida, antes que suceda cualquier cosa, es la improvisación. Paradójico, ¿no?.
Hoy, al igual que a ti, me toca decir con amarga resignación que nada puedo hacer. Y parece extraño que todo pensamiento y sentimiento, sonrisa o lágrima, suspiro o desaliento, sobresalto o apatía, dependa de un simple mensaje o una llamada. Pero no pasa nada. No llega. No suena el móvil, ni suena el despertador como señal salvadora indicando que se trata todo de un ácido sueño de una noche larga.
Sólo queda esperar. Y el tiempo tendrá la última palabra que, aunque conozco muy bien, me niego a pronunciar.

Me gusta como escribes, gracias por tu visita. Espero volver pronto. Un abrazo.