martes, 14 de diciembre de 2010



Parecía ser que el invierno ralentizaba sus constantes vitales. Sus instintos de supervivencia. Se dejaba llevar y observaba. Como si la vida, durante aquellos meses, le fuese algo completamente ajeno. Paulette no le tenía miedo al frío. Siempre he pensado que eso tenía mucho que ver. Era llegar el invierno y dejar de oír los latidos de aquel corazón en su pecho. Ella decía que era normal. Que yo siempre hacía una montaña de un grano. Que los corazones necesitaban descansar. Dormir todo un invierno. Toda una vida para, después, despertar recompuestos a todas las vidas que pudiesen caber en cada latido antes del siguiente invierno. Tal vez tuviese razón y, por eso, hubiese tanto corazón ajado y roto por el mundo. La gente ignoraba que un corazón necesitase descansar. Pero aun así, aun con toda la sabiduría que Paulette destilaba, yo sabía que aquello no era del todo cierto. No podía serlo. Su corazón dormía cada invierno. Descansaba. Se fortalecía, como ella nos hacía creer. Pero yo sabía que, en el fondo, era un amasijo de pedazos diminutos y afilados que intentaban simular la silueta de un corazón. Y a veces lo conseguían. Pero los ojos de Paulette eran transparentes. Y por ellos, podía ver con claridad su precioso dolor, porque hasta su dolor era digno de admirar. Aferrado a su corazón cual estatua de cristal que abrazase de forma estática el más preciado tesoro. Al menos, hasta que la primavera (y la vida) volviesen a despertarlo y, entonces, sus vértices volviesen a penetrar en la carne haciendo que de las heridas emanase nuevamente la sangre, como manantial que rebrota ante el deshielo.

6 comentarios:

El Drac dijo...

Paulette siente el dolor como sienten los poetas, maravillosamente triste. Un gran abrazo

Chica Gris dijo...

Soy un poco masoca, y me encantan las entradas así, tan tristes como increibles :)

.A dijo...

el hielo parece congelar todo..

OjosMiel. dijo...

Yo creo que las cosas en invierno van más rápido, así que, dile a Paulette, que ese dolor se derretirá pronto.

Lucía... dijo...

Los soñadoras, los que sentimos a leno, nos volvemos transparentes en invierno... somos el mas frio de los cristales... y es entonces cuando mas fragil esta la caja que guarda dentro nuestra alma... Dile a Paulette que disfrute el invierno, que acá en el hemisferio sur lo estamos extrañando...

Besos, con gotitas de agua!

Dara Scully dijo...

ostras, ¡pues mi músculo rojo por nada del mundo se perdería el invierno! si tiene que dormir para descansar, que sea en verano, que ese no le gusta nada.


(galletas para
después de comer.
¡pero no te las
comas antes!)