domingo, 11 de enero de 2009


Su cara era una máscara de piedra que desentonaba con la angustia palpitante en el brillo de sus ojos. Estaba sentada a pocos metros de él, pero sabía que ya hacía rato que había alzado el vuelo y, ahora, probablemente, se encontraría en algún alejado y recóndito rincón de su mente al que él no tenía acceso.



-¿Por qué hemos llegado a este punto?

-¿A qué punto?

-Al del ultimátum. A tener que poner las cartas sobre la mesa para definir el juego. A la última tirada. La definitiva.

-¿Tienes miedo a perder la partida?

-No. Perder nunca me ha dado miedo. Es una parte vital del juego. Tengo miedo a que el "As" que escondes en la manga no sea más que un farol.

-¿Y qué pasaría si lo fuera?

-Que se acabaría el juego. Y significaría que yo gano. Y a veces, ganar es perder.



4 comentarios:

R. dijo...

No hay ninguna victoria que no tenga al menos una parte de derrota y, por tanto, no hay tampoco derrota que tenga algo de victoria. O al menos de enseñanza.

NityaYang dijo...

No eches órdagos que no puedas ver...
No juegues a nada a lo que no puedas ganar...
Pero juega, es en el propio juego y en la incertidumbre donde está el premio.

Besos...

Mencía dijo...

Muy bueno niña.
Me ha gustao sip!

espiralproscrita dijo...

tenemos la extraña costumbre de asustarnos, cuando alguien agacha la cabeza y esconde la mano detrás de la espalda, y no nos enseña sus canicas o su pasado.

tenemos la extraña costumbre de asustarnos demasiado, y de querer sin medida.

son extrañas costumbres, cierto. pero a una le dan la vida, la vida de verdad, esa que se palpa en las miradas a veces, en algunas bocas, en algunos rincones de la tierra mojada.

un placer, calypso.